Mi?rcoles, 21 de junio de 2006
ImagenLA MALIBRAN.


La familia Garc?a Sitjes es, sin duda, la m?s ilustre de todas las que Espa?a ha dedicado al mundo de la ?pera. Manuel Garc?a, vino al mundo con una prodigiosa voz que empez? a sonar en el coro de la catedral de Sevilla y que tuvo instrucci?n musical suficiente para convertirse antes de los veinte a?os en un cantante formidable, am?n de apuesto gal?n. Se cas? con una belleza y otra gran voz, la de Joaquina Sitjes.

Juan de Udaeta, responsable de la recuperaci?n de la ?pera compuesta por Garc?a Sitjes ?Don Chisciotte? y director de la misma.

Entre los rasgos comunes de la pareja destacaban la voluntad, la disciplina y una inteligencia tan notable como su car?cter. Con esos ingredientes, y la ayuda de la suerte, ten?an que dar al mundo tantos hijos como genios de la m?sica. Y lo hicieron. El hijo mayor, Manuel, fue un bar?tono excelso y uno de los mejores maestros de canto del mundo; la hija peque?a, Paulina, fue una soprano del m?ximo prestigio adem?s de una de las mujeres m?s relevantes de la cultura europea en el siglo XIX; pero a todos super? el genio, la gracia y la novela vital, tumultuosa y breve, de la hija segunda, Mar?a Felicia, conocida por el nombre art?stico de la Malibr?n.

En 1805 estall? la Guerra de la Independencia y la familia Garc?a Sitjes huy? antes a Par?s y despu?s a N?poles donde Manuel trab? amistad con Rossini, que le escribi? varias obras, entre ellas ?El barbero de Sevilla? con la que se consagr?. Y all? debut? y triunf? clamorosamente, con s?lo cinco a?os, la Malibr?n. Estrenaban ?Agnese? de Pa?r: Manuel, Joaquina y la peque?a Mar?a Felicia, en el papel de hija que tercia y arregla una peque?a pelea conyugal. De pronto Joaquina perdi? el hilo y la ni?a, ni corta ni perezosa, se puso a cantar en su lugar. Louise H?ritte Viardot, pariente suya, describe su graciosa intervenci?n.

HERITTE VIARDOT:

?Una noche la soprano se sinti? mal y tuvo que interrumpir su canto. Inmediatamente la ni?a sigui? el aria y cant? hasta el final el d?o con su padre, lo cual produjo en la sala un entusiasmo delirante. Desde entonces, cada vez que se daba esta ?pera, los espectadores insist?an para que la peque?a cantase en lugar de la soprano. As? fue hasta que una noche la ni?a se sinti? ronca o cansada. Despu?s de terminado su d?o exclam? en plena escena: ?Ho cantato come un cane, non voglio cantar pi?? y despu?s, en medio de la hilaridad general, sali? huyendo a todo correr. Mar?a ten?a cinco a?os y todo un car?cter.?

Pero la ni?a no tuvo tiempo ni ocasi?n de envanecerse porque su padre era un maestro dur?simo que instru?a a puntapi?s a sus dotad?simas criaturas. En 1815, despu?s de Waterloo, lleg? la guerra hasta N?poles y se desat? una horrible peste. Los Garc?a, con los ni?os a cuestas, consiguieron huir atravesando las trincheras sanitarias y llegaron a Par?s. Decidieron poner a su hija a salvo de las contingencias y la metieron interna en Hammersmith, un colegio-convento cercano a Londres. De all? sali? a los diecis?is a?os, hermos?sima y con cinco idiomas regularmente aprendidos.

Mar?a volvi? a la dura f?rula paterna y debut? como suplente de la suplente en ?El barbero de Sevilla? en 1825. Ten?a s?lo diecisiete a?os y despu?s de Londres tom? Par?s. Los poetas cantaron su belleza espa?ola, los cr?ticos alabaron su prodigiosa voz y el p?blico se rindi? ante aquella fuerza de la naturaleza. En el ?Athenaeum?, Chorley, uno de los cr?ticos ingleses de mayor prestigio, afirma:

CHORLEY:

?Desde su aparici?n en escena es evidente que ha nacido una nueva artista, tan original como extraordinaria. Artista no s?lo dotada f?sicamente sino tambi?n de un talento r?pido, imaginativo, en?rgico, para la cual no cuentan los obst?culos, capaz de conciliar las mayores contradicciones?.

Pero la buena racha no dur?, porque el amor llamaba a las puertas de Felicia, y con tanta insistencia que al final le dej? entrar. De la noche a la ma?ana se cas? con un presunto banquero llamado Malibr?n, antes que el padre ?del que realmente hu?a la novia- pudiera oponer resistencia. Sin embargo, el marido era un estafador que, al poco de cumplir un a?o de casados, de obligarla por celos a retirarse de los teatros y de forzarla a recorrer M?xico pagando deudas, acab? en la c?rcel. Lo ?nico que aport? a la uni?n fue su apellido, con el que se conoci? a Mar?a Felicia desde su vuelta, tras abandonar por imposible al marido fugaz.

MALIBRAN:

?No hay nada que hacer, cada vez que entro en escena, tiemblo; una viva emoci?n, un terror indecible se apoderan de mi. Mi padre me ha hecho un retrato tan horrible de mi nueva carrera, que nunca estoy segura de mi misma. Las cimas del arte son tan escarpadas, y el p?blico es un maestro tan exigente y tan dif?cil, que para conservar su sufragio, hay que mejorar sin cesar; si no se avanza se retrocede.?

Volvi? a triunfar y a ganar dinero tan pronto, todav?a en el umbral de los veinte a?os, que el marido se neg? a concederle el divorcio. Entonces le sali? a Mar?a Felicia un protector de leyenda: nada menos que el marqu?s de Lafayette, h?roe de la independencia norteamericana, que se enamor? de la cantante. No sabemos si ella le correspondi? o s?lo le agradeci? su caballeroso comportamiento con un c?lebre saludo militar desde el escenario, pero Lafayette consigui? no s?lo la anulaci?n del matrimonio civil por un truco legal sino tambi?n la del eclesi?stico.

Desde 1830, La Malibr?n fue la reina de los escenarios de Europa. El ?nico escollo fue Mil?n, donde la famos?sima Pasta, que hab?a triunfado con ?Norma?, vio c?mo la espa?ola ped?a interpretar su obra favorita y, en su presencia, le robaba el favor del p?blico. Pasta asisti? a la primera sesi?n para ponerla nerviosa. No lo consigui? y en la segunda, ya sin ella, el p?blico tir? de su coche por las calles en lugar de los caballos. Adem?s, la Malibr?n tom? partido por el liberalismo revolucionario italiano y se convirti? en un s?mbolo de la resistencia contra Austria, como demuestra en esta carta escrita a su amigo el bar?n de Tr?mont.

MALIBRAN

??Estoy contenta, orgullosa, gloriosa, vanidosa hasta no va m?s de pertenecer a los franceses! No pasa un d?a en que yo, mujer, no sienta much?simo no haber perdido un ojo o una pierna en la lucha de esta causa de la edad de oro! ?No es acaso la edad de oro luchar por su libertad y rechazar al mismo tiempo hasta la apariencia de una usurpaci?n sobre los dem?s pueblos? ?Le aseguro que pensando en Par?s mi alma se eleva! ?Cree que los soldados armados con fusiles me hubieran impedido gritar: ??Viva la libertad! ?? Me dicen que no est? todo tranquilo todav?a en Francia. Escr?bamelo; ir?. Quiero compartir la suerte de mis hermanos. La caridad bien ordenada, se dice empieza por uno mismo. Pues bien, los dem?s son mi ?uno mismo?. ?Viva Francia!

De 1832 a 1836 vivi? en una nube. Se enamor? de un violinista belga llamado B?riot. Con ?l se fue a vivir y le dio un hijo, para gran disgusto de do?a Joaquina y don Manuel, que dej? este mundo con su mal humor habitual. A los pocos a?os la Malibr?n se convierte en madame B?riot. Pero en v?speras de una actuaci?n y embarazada de pocas semanas, cae del caballo, que la arrastra golpeando la cabeza contra el suelo. Despu?s del accidente s?lo se conf?a con su hermana Pauline, haci?ndole una revelaci?n trascendental.

MALIBRAN

?Me siento mal, muy mal desde entonces. Noto que tengo un co?gulo en la cabeza y s? que no me recuperar?.


Sin embargo, pareci? restablecerse y sigui? cumpliendo compromisos, pese a desvanecimientos cada vez m?s frecuentes. El 14 de septiembre act?a en Manchester y en las repeticiones, tras una portentosa actuaci?n, cae fulminada en el escenario. Sobrevivi? s?lo nueve d?as. Al morir, ten?a veintiocho a?os y era la cantante m?s famosa del mundo.

LAMARTINE:

?La belleza de la se?ora Malibr?n exist?a por si misma, sin tener necesidad de formas, de contornos, de colores para revelarse. Era la belleza metaf?sica que no toma de la materia m?s que justo la suficiente forma para ser perceptible por los ojos de aqu? abajo. Su cuerpo no la vest?a, la cubr?a apenas. Uno se sent?a en presencia de un ser en el que el fuego sagrado del arte hab?a devorado el tejido. Este fuego del entusiasmo era tan ardiente y tan puro en ella, que a cada instante se cre?a ver este envoltorio consumido caer convertido en una pizca de ceniza y caber en una urna o en una mano?.

Escuchar a La Malibr?n (ir p?gina cope)
ESCUCHAR
ESCUCHAR

mujeres-291105.mpga
Powered by Castpost
Gentileza de la cope
Publicado por bach24111 @ 12:35  | Autores cl?sicos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios