Jueves, 16 de abril de 2009
_EL VIOLINISTA DE LA ESTACION ... _
ESCUCHAR

La belleza pasa desapercibida

Un virtuoso con un violín Stradivarius no logra llamar la atención de los viajeros del metro de Washington


 Un hombre se sentó en una estación del metro en
 Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría
 mañana de enero.
 Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis
 obras de Bach.
Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa
 estación algo más de mil personas, casi todas camino a
 sus trabajos..  
Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo
 ante el músico.
Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso
 y advirtió que había una persona tocando música. 
 Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera
 donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y
 continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien
 se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró
 su reloj y retomó su camino. 
Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su
 madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó
 ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del
 lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar
 al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los
 padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha. 
 
En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo
 siete personas se detuvieron y otras veinte dieron
 dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó
 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio,
 nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni
 reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell,
 uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras
 más complejas que se escribieron alguna vez, en un
 violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes
 de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en
 Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares. 
 
Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell
 de incógnito en el metro fue organizada por el diario
 The Washington Post como parte de un experimento social
 sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las
 personas. 
 
La consigna era: en un ambiente banal y a una hora
 inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a
 apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto
 inesperado?
 
Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser
 la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos
 a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la
 mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos
 perdiendo?

Moraleja: tiene más sensibilidad un niño que un mayor. Por eso digo yo siempre, enseñemos música a los niños para que no se vuelvan como los mayores.

Tags: anecdotas

Publicado por bach24111 @ 14:58
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